Trampas de Miel:
Eyes Wide Shut y el Caso Epstein (II)
Espera, espera... Sé lo que estás pensando: ¿suicidado en la celda? ¿igual que Epstein? ¿no es una coincidencia un poco extraña teniendo en cuenta que los dos ocupaban un papel similar en el mecanismo de las élites? No en vano Saturno termina devorando siempre a sus hijos. Tanto los conseguidores como los denunciadores, los Ward y Epstein o los Pasolini y Kubrick, terminan consumidos por un Sistema que vive del consumo de todo tipo de productos... Incluyendo los seres humanos.
Y por eso la lista de Epstein nunca será pública. Por eso el encuentro con Bustamante en Cadíz no llegó a producirse jamás. En su lugar, el trauma, la pérdida, la crucifixión del mesías, de una Segunda Venida... Que al posponer el sacrificio final lo convierte en un espectáculo ritualizado, generando un egregor jugoso.
Otra conexión fundamental entre el Caso Profumo y la película de Kubrick es un nombre: Mandy. En el filme, Amanda Curran, más conocida como Mandy, es la chica que salva a Bill, el personaje interpretado por Cruise, de la muerte, aceptando morir sacrificada en su lugar como víctima propiciatoria. En la vida real, se trata de Mandy Rice-Davies, amante del Príncipe Felipe y de Lord Astor, además de íntima amiga de Christine Keeler, protagonista del Caso Profumo y amante no solo del ministro, sino también de un espía soviético llamado Yevgeny Ivanov.
Todo ello vuelve a estar ante nuestros ojos, cada vez más cerrados, con un nuevo caso: el de Jeffrey Epstein. ¿Resulta casual que uno de los principales investigadores del Caso Epstein, el periodista Larry Celona, asesorara directamente a Stanley Kubrick al punto de que su nombre aparece en un periódico que lee Bill, el personaje interpretado por Tom Cruise, hacia el final de la película? Lo dudo: en las películas de Kubrick, como es sabido, hay muy poco espacio dejado al azar. Pero tampoco debe resultarnos casual esta utilización del Caso Epstein en nuestros días: nuestra mirada está siendo dirigida para que no veamos la verdadera realidad del caso.
Otro nexo curioso entre el Caso Profumo y el Caso Epstein, entre Kubrick y Trump, es el detective privado Thomas Corbally, socio del director del FBI, J. Edgar Hoover y del principal maestro iniciático de Trump, el abogado Roy Cohn (véase nuestro programa sobre el IV Reich), además de primera persona en mencionar públicamente la relación del Príncipe Felipe, esposo de Isabel II, con las dos chicas del Caso Profumo: Christine Keeler y sobre todo Mandy Rice-Davies.
Fue probablemente Ward el que puso en contacto a Keeler con el espía soviético Ivanov... Porque ese era, en resumidas cuentas, su trabajo: presentar chicas a hombres influyentes. Algo que, una vez más, nos recuerda a Epstein. Pero, ¿Dónde se produjo ese encuentro entre el espía y la corista? Si el romance entre el ministro Profumo y Keeler empezó en la mansión de Lord Astor, el punto de partida de la relación con Ivanov fue nada menos que un piso a nombre de Corbally. De hecho, es muy posible que Ward, finalmente sacrificado en la cárcel, fuera un títere manejado por Corbally (miembro de la OSS, la organización que precedió a la CIA), el verdadero hombre del Deep State, un poco como ocurrió con Epstein y su mujer, Ghislaine Maxwell.
Thomas Corbally fue, por lo tanto, amigo y colaborador de tres figuras centrales en este caso: Roy Cohn, Stephen Ward y... Por supuesto, Donald Trump. Además de esto, Corbally se relacionó de forma muy estrecha con Heidi Fleiss, más conocida como la Madame de Hollywood, la más célebre proxeneta de los tiempos modernos en la ciudad de las estrellas. Una vez más, Corbally utilizó a Fleiss, como antes hizo con Ward, para tender "trampas de miel" a actores tan famosos como Charlie Sheen, para después vender esa información al mejor postor: ya fuesen grandes multinacionales, como productoras cinematográficas interesadas en aprovecharse de las celebridades, ya fuesen servicios secretos necesitados de "información sensible" para utilizarla en su provecho. Como Cohn y Hoover, Corbally fue un chantajista profesional que fundamentó su relación con el Poder en la recopilación de información.
Corbally, que hasta la Segunda Guerra Mundial había sido poco más que un chantajista de poca monta y un detective privado empleado en la empresa fundada por su abuelo (del mismo nombre), pronto se interesó por la política: se relacionó con America First y con el Comité Clayton Knight. Igual que ocurriera con la ya citada Sociedad de los Peregrinos, de la que Cohn era miembro como seguramente lo es también Donald Trump, el Comité Clayton Knight tenía su sede en el célebre Hotel Waldorf Astoria (en Park Avenue, Nueva York) fundado por William Waldorf Astor en 1893. Recordemos que uno de los reconocidos clientes de Corbally, sea por la vía indirecta de Ward o por otra, fue John Jacob Astor.
Con apenas 23 años, Corbally pasó de ser un desconocido a, en cuestión de meses, el primer director de la OSS (pronto reconvertida en CIA) en la Alemania ocupada tras la IIGM. Esto permite ligar a Corbally con dos operaciones clave que permiten entender por qué el III Reich debió de perecer para mejor alumbrar un IV Reich: la Operación Paperclip, a través de la captación de figuras como Nikolaus "Klaus" Barbie, y la Operación GLADIO, que desarrolló en Europa redes patrióticas similares a las que ya estaban en marcha en los EEUU gracias a movimientos como el America First del que Corbally formaba parte. No es casualidad que el Caso Profumo aconteciera precisamente cuando Corbally vivía (y operaba) en Londres.
De ideología eminentemente conservadora, como Cohn, Hoover y por supuesto Trump, Corbally detestaba a los Kennedy (de hecho, Corbally trató de tender una "trampa de miel" a Jack utilizando como cebo a la actriz Nancy Czar, expareja nada menos que de Elvis Presley)... Justo al contrario que Kubrick: recordemos que, tras el asesinato de JFK en 1963 y la aparición de Dr. Strangelove (1964) y antes Lolita (1962) el cineasta neoyorkino abandonaría para siempre los EEUU, trasladándose, hasta el final de sus días, a una reservada mansión en Gran Bretaña que siempre gozó de enormes medidas de seguridad. En otras palabras: Kubrick asumió que si sus enemigos, esa Logia Negra de la que hablaría David Lynch, podían matar al Presidente de los EEUU, todos estábamos en peligro, como ya había advertido Pasolini. Y, de nuevo, ni Pasolini ni Kubrick se equivocaban.

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