jueves, 5 de febrero de 2026

Baile de máscaras. Por Guillermo Mas Arellano

 

Baile de máscaras:

Eyes Wide Shut y el Caso Epstein (III)

 


Por Guillermo Mas Arellano


En cuanto a Epstein, estamos hablando de alguien que pasó de ser un profesor de matemáticas a alumnos de Bachillerato a convertirse en un genio de las finanzas con el control de más de 500 millones de dólares, un donante principal del Partido Demócrata —amigo íntimo de Bill Clinton— y miembro de prestigiosos Foros Internacionales como la Comisión Trilateral o el Council of Foreign Relations. Participó en una trama de esquema Ponzi junto a Steven Hoffenberg mediante una empresa llamada Towers Financial Corporation.  Más tarde, Epstein se relacionaría con Leslie Wexner, el hombre más rico de Ohio y propietario de Victoria Secret´s, junto al que trabajó durante años a pleno rendimiento en calidad de no se sabe muy bien qué. El caso es que Wexner es un hombre de gran influencia política… De nuevo con el Partido Demócrata: ha apoyado a Clinton o a Obama. También apoyó a Mitt Romney contra Trump, su archienemigo declarado.

Acerca de la más que posible relación entre Epstein y el Servicio Secreto israelí, el Mossad, por medio de un lobby judío llamado The Mega Group (del que Robert Maxwell, padre de Ghislaine, fue miembro) en una colaboración para extorsionar a políticos de la talla de Bill y Hillary Clinton —que se sabe con certeza que viajaron hasta una treintena de veces entre los dos a bordo del “Lolita Express”, el avión privado de Epstein donde supuestamente se celebraban orgías con menores de edad— o el propio Donald Trump mediante el uso de “trampas de miel” o cebos sexuales para gente poderosa. Esta tesis explicaría la relación entre Epstein y el que fuera su abogado, el célebre —por el caso de OJ Simpson, entre otros— Alan Dershowitz, bien conectado con lobbys proderechos de los judíos. También aclararía la razón de sus contactos con el ex-primer ministro israelí Ehud Barak, que habría entrenado a Epstein en el Mossad.

Escribe el ex-agente de la CIA Philip Girardi: “El vínculo de Epstein con el servicio de inteligencia israelí podría, plausiblemente, rastrearse en sus conexiones con Ghislaine Maxwell, quien -según se informó- le proporcionaba a las jóvenes chicas. Ghislaine es hija de Robert Maxwell, quien murió -probablemente, asesinado- en misteriosas circunstancias en 1991. Maxwell era un empresario británico de origen judío, marcadamente cosmopolita (como Epstein), un controvertido multimillonario con lo que podría calificarse de vínculos recurrentes con el Mossad. Tras su extraña muerte, Maxwell fue obsequiado un funeral de Estado por parte de Israel, evento del cual tomaron parte seis titulares del servicio de espionaje de Tel Aviv, mientras el primer ministro Yitzhak Shamir lanzaba loas: ‘Él ha hecho más por Israel de lo que hoy podría revelarse’”.

En palabras de Bill Gates al The Wall Street Journal, “No tuve ninguna relación de negocios o amistad con Epstein”; lo que contrastaba con las pruebas del The New York Times, que titulaba poco después: “Bill Gates se reunió repetidamente con Jeffrey Epstein”; y mostraba como Gates había volado junto a Epstein en su avión privado “Lolita Express” en varias ocasiones. Y no sólo eso, además de varias cenas “hasta bien entrada la noche” habría que añadir, como se puede leer en el excelente “Informe Corbett”, que “un nuevo informe describe las conversaciones con Gates y Epstein y una conexión con la Fundación de Bill y Melinda Gates. Una conexión entre su fundación y JPMorgan Chase para crear un fondo de caridad en beneficio de Epstein”.

Se trataba de la “Global Health Investment Fund”, una empresa puntero en el desarrollo de información. De nuevo en el “Informe Corbett”: “Joi Ito, director del Media Lab del MIT, renunció a su cargo después de que se descubriera que había ayudado a encubrir la identidad de Jeffrey Epstein como donante “anónimo” del laboratorio, informando a su personal de que una donación de 2 millones de dólares al laboratorio en 2014 que eran un regalo de Bill Gates dirigido por Jeffrey Epstein”. The Wall Street Journal añadió que “Melinda Gates tenía preocupaciones sobre la relación de su marido con Epstein ya en 2013, cuando le planteó un ultimátum a su Bill Gates. Después de que él no cumpliera, ella se reunió con abogados de divorcio en 2019, diciendo en ese momento que su matrimonio estaba irremediablemente roto”. Esta reunión con los abogados coincidió en el tiempo con el informe de The New York Times sobre la amistad Gates-Epstein. No parece una simple cuestión de desamor, como muchos medios han querido hacer ver.

Según la portavoz oficial de Gates, Brigit Arnold, el motivo de las reuniones entre Gates y Epstein fue —no se lo pierdan—: la filantropía. Como lo oyen: un eugenista declarado y un pedófilo condenado tratando de ayudar al mundo con sus millones. Sin duda, estas informaciones hicieron mella en la relación, al punto de que en 2020 la pareja no asistió al “Foro Económico Mundial de Davos”, la Meca anual del globalismo, y poco después Gates dimitiría de sus cargos en su buque-insignia económico, la compañía “Microsoft”.

La conexión Gates-Epstein apunta a dos nombres: 1) La neurólogo Melanie Walker, una trabajadora de la “Fundación Bill y Melinda Gates” desde 2006, pero cuyo anterior trabajo fue el de asesorar de Jeffrey Epstein desde 1992, al que conoció cuando Epstein trabajaba de forma muy estrecha con Lex Wexner en Victoria Secret; 2) El físico Boris Nikolic, asesor científico de Gates, que fue el encargado de ejecutar el testamento de Epstein tras su "suicidio" en la cárcel después del descubrimiento de su red millonaria de pederastas que incluía a importantes políticos y otras gentes de relevancia social. Nikolic renunció a ejecutar su labor de albacea testamentario.

Epstein contaba en propiedad con varias mansiones ––con reminiscencias a templo antiguo– situadas en las Islas Vírgenes, donde preparaba sus orgías con invitados de alto nivel social y económico y niñas menores de edad. Según Philip Giraldi: “Epstein tenía en su poder un Libro Negro que identificaba a muchos de sus contactos sociales, y que ahora se encuentra en manos de los investigadores. Incluía catorce números de teléfono privados pertenecientes a Donald Trump, incluyendo el de su ex mujer Ivana, los de su hija Ivanka y de su actual esposa, Melania. También, revistaba allí los números de contacto del Príncipe Bandar de Arabia Saudita, de Tony Blair, Jon Huntsman, del senador Ted Kennedy, Henry Kissinger, David Koch, Ehud Barak, Alan Dershowitz, John Kerry, George Mitchell, David Rockefeller, Richard Branson, Michael Bloomfield, Dustin Hoffman, Kevin Spacey, la Reina Elizabeth y el Príncipe Andrés, el Rey saudí Salman, y Edouard de Rothschild”. El apellido que hay que retener es el último de la lista: Rothschild. La periodista Laura Backes apunta: “Alan Dershowitz es un prestigioso jurista estadounidense. Amigo de Epstein. Lo conoció en 1996, en Martha ‘s Vineyard, la isla de vacaciones más exquisita de la Costa Este. Una conocida de Epstein, Lynn Forester, futura lady Rothschild, fue quien se lo presentó.

Relata Dershowitz: «Lynn le buscaba contactos a Epstein por todo el país. Le presentó a Bill Clinton. Le abría puertas»”. ¿Y quién es Lynn Forester de Rothschild? Asesora de la ONU, fue la protagonista de un proyecto conjunto con el Vaticano llamado “Capitalismo inclusivo en el Vaticano”. A Lynn Forester de Rothschild la hemos visto posar junto al Papa Francisco en la “Santa Sede” acompañada de tantos otros grandes capitalistas, y es una de las personas mejor relacionadas —es decir, más poderosas— del mundo, amiga íntima de los Clinton, que tras la pandemia llegó a afirmar: “El Covid 19 cambiará el capitalismo para siempre”.

Epstein resumía sus costumbres de la siguiente manera: “la ciencia y los coños”. Sus planes de futuro se limitaban a que, modestamente, “esperaba sembrar la raza humana con su ADN”. Para llevar adelante sus proyectos, Epstein se interesó por el transhumanismo y la Ingeniería Genética —otra forma de Ingeniería Social—, por lo que tanteó a “Stephen Hawking, los Nobel de Física Murray Gell-Mann y Frank Wilczek, el paleontólogo y biólogo Stephen Jay Gould, el neurólogo Oliver Sacks, el psicólogo experimental Steven Pinker o con el ingeniero molecular George M. Church, que ha trabajado en identificar genes susceptibles de ser alterados para crear seres humanos superiores”.

El propio Pinker, acusado de cobrar de Epstein —aunque él lo ha negado con énfasis—, relata como “una vez Epstein criticó los esfuerzos para combatir el hambre y dar asistencia sanitaria a los pobres porque, decía, ello aumentaba el riesgo de superpoblación. Entonces Pinker rechazó y rebatió sus argumentos. Nunca más fue invitado a las citas organizadas por el millonario”. Recordemos las palabras de Bill Gates: “Si hacemos un gran trabajo con las vacunas, el cuidado de la salud y servicios de salud reproductivos, podríamos reducir esa cifra quizás en un 10 o 15%” (más de mil millones de humanos)". Parece que las ideas de estos dos “filántropos” coinciden.

Según el “Informe Corbett”, “El interés de Epstein en la genética le llevó a patrocinar a varios científicos que trabajaban en este campo, incluyendo a George Church, un genetista de Harvard cuyo laboratorio recibió fondos de la Fundación de Epstein de 2005 a 2007 para ciencia de vanguardia. Church se disculpó públicamente por su conexión con Epstein, que incluyó varias reuniones al año a partir de 2014. Esta no fue ni la primera ni la última vez que este modesto biólogo de Harvard, cuya ciencia de vanguardia, a menudo se desvía hacia áreas controvertidas, causó un escándalo público. En 2019 Church propuso una aplicación de citas genéticas  que fue inmediatamente denunciada como eugenesia aplicada”.

Además, “Church también actuó como asesor científico de Editas Medicine, una empresa que busca utilizar la herramienta de edición de genomas CRISPR-Cas9 para eliminar las enfermedades borrando las partes de un código genético responsable de la enfermedad. En 2015, la compañía anunció que había recaudado 120 millones de dólares de un grupo liderado por el albacea de respaldo designado por Epstein, el Dr. Boris Nikolic. Naturalmente, ese grupo de inversores incluía a Bill Gates”.

Según el antiguo abogado de Epstein, Alan Dershowitz, éste estaría obsesionado por la eugenesia, soñando con mejorar a la raza humana a través de la manipulación genética. Como ha informado Jaron Lanier, el plan maestro de Epstein estaba basado en un intento previo de recoger el semen de varios Premios Nobel y ponerlo a salvo en un banco llamado “The Repository for Germinal Choice”, que finalmente cerró. La idea de Epstein era idéntica solo que con una variante importante, tal y como ha puntualizado The New York Times: el único semen sería el suyo propio, con el que embarazaría a varias mujeres seleccionadas a tal fin y llevadas a su rancho privado situado en Nuevo México. Para dicho plan contaría con el apoyo de varios científicos de renombre contactados por medio del empresario John Brockman y de “La Fundación Edge”, generosa en sus donaciones.

Según un artículo de Evgeny Morozov —conocido como “el hereje de Internet” por sus críticas a las grandes empresas tecnológicas y su propuesta de refundar Internet—, para “The Guardian”, “El escándalo de Epstein en el MIT muestra la bancarrota moral de las élites tecnológicas”. En su libro La era de la perplejidad, Morozov escribe: “No viven de la publicidad, como muchos creen. Absorben datos, crean productos y los venden sin que veamos un euro. Es un modelo parasitario”. Y en el artículo de The Guardian, Morozov se lamentaba: “Que alguien como Jeffrey Epstein aprovechara estas redes para blanquear sus crímenes era casi inevitable. En un mundo en el que los libros funcionan como extensiones de marca y nunca se leen realmente, es bastante fácil que un charlatán rico y glamuroso de la talla de Epstein encaje”.

El lado más profundo del Caso Epstein toca de lleno con el corazón del Poder-Religión: la creación de un gólem transhumano a partir de una matriz artificial. Eso de lo que, en cierto sentido, nos habla Kubrick en su película 2001: Una Odisea del Espacio (1968). Para que esto se lleve a cabo, resulta necesario destruir el tejido social a través de un complejo proyecto de Control Mental como el puesto en marcha con la CIA con el Proyecto MK-Ultra y otros similares tras la IIGM. De ello también nos habló Kubrick en buena parte de su filmografía: sobre todo en La naranja mecánica (1971) con el Proyecto Ludovico de control mental, El resplandor (1980) con la simbología gnóstica del laberinto y el minotauro (además de la evidente disociación de los dos Jacks, padre e hijo, abusado y abusador, víctima y verdugo del Sistema que encarna el Hotel Overlook) y La Chaqueta Metálica (1987) en la que se describe el funcionamiento traumatizador del ejército profesional, pilar básico del Estado Moderno, construido mediante el abuso ritualizado, como el conjunto de la sociedad a la que pertenece, a imagen de esas logias fundadas en el Londres de 1717.

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