Baile de máscaras:
Eyes Wide Shut y el Caso Epstein (III)
Acerca de la más que posible relación entre Epstein y el Servicio Secreto israelí, el Mossad, por medio de un lobby judío llamado The Mega Group (del que Robert Maxwell, padre de Ghislaine, fue miembro) en una colaboración para extorsionar a políticos de la talla de Bill y Hillary Clinton —que se sabe con certeza que viajaron hasta una treintena de veces entre los dos a bordo del “Lolita Express”, el avión privado de Epstein donde supuestamente se celebraban orgías con menores de edad— o el propio Donald Trump mediante el uso de “trampas de miel” o cebos sexuales para gente poderosa. Esta tesis explicaría la relación entre Epstein y el que fuera su abogado, el célebre —por el caso de OJ Simpson, entre otros— Alan Dershowitz, bien conectado con lobbys proderechos de los judíos. También aclararía la razón de sus contactos con el ex-primer ministro israelí Ehud Barak, que habría entrenado a Epstein en el Mossad.
Escribe el ex-agente de la CIA Philip Girardi: “El vínculo de Epstein con el servicio de inteligencia israelí podría, plausiblemente, rastrearse en sus conexiones con Ghislaine Maxwell, quien -según se informó- le proporcionaba a las jóvenes chicas. Ghislaine es hija de Robert Maxwell, quien murió -probablemente, asesinado- en misteriosas circunstancias en 1991. Maxwell era un empresario británico de origen judío, marcadamente cosmopolita (como Epstein), un controvertido multimillonario con lo que podría calificarse de vínculos recurrentes con el Mossad. Tras su extraña muerte, Maxwell fue obsequiado un funeral de Estado por parte de Israel, evento del cual tomaron parte seis titulares del servicio de espionaje de Tel Aviv, mientras el primer ministro Yitzhak Shamir lanzaba loas: ‘Él ha hecho más por Israel de lo que hoy podría revelarse’”.
En palabras de Bill Gates al The Wall Street Journal, “No tuve ninguna relación de negocios o amistad con Epstein”; lo que contrastaba con las pruebas del The New York Times, que titulaba poco después: “Bill Gates se reunió repetidamente con Jeffrey Epstein”; y mostraba como Gates había volado junto a Epstein en su avión privado “Lolita Express” en varias ocasiones. Y no sólo eso, además de varias cenas “hasta bien entrada la noche” habría que añadir, como se puede leer en el excelente “Informe Corbett”, que “un nuevo informe describe las conversaciones con Gates y Epstein y una conexión con la Fundación de Bill y Melinda Gates. Una conexión entre su fundación y JPMorgan Chase para crear un fondo de caridad en beneficio de Epstein”.
Se trataba de la “Global Health Investment Fund”, una empresa puntero en el desarrollo de información. De nuevo en el “Informe Corbett”: “Joi Ito, director del Media Lab del MIT, renunció a su cargo después de que se descubriera que había ayudado a encubrir la identidad de Jeffrey Epstein como donante “anónimo” del laboratorio, informando a su personal de que una donación de 2 millones de dólares al laboratorio en 2014 que eran un regalo de Bill Gates dirigido por Jeffrey Epstein”. The Wall Street Journal añadió que “Melinda Gates tenía preocupaciones sobre la relación de su marido con Epstein ya en 2013, cuando le planteó un ultimátum a su Bill Gates. Después de que él no cumpliera, ella se reunió con abogados de divorcio en 2019, diciendo en ese momento que su matrimonio estaba irremediablemente roto”. Esta reunión con los abogados coincidió en el tiempo con el informe de The New York Times sobre la amistad Gates-Epstein. No parece una simple cuestión de desamor, como muchos medios han querido hacer ver.
Según la portavoz oficial de Gates, Brigit Arnold, el motivo de las reuniones entre Gates y Epstein fue —no se lo pierdan—: la filantropía. Como lo oyen: un eugenista declarado y un pedófilo condenado tratando de ayudar al mundo con sus millones. Sin duda, estas informaciones hicieron mella en la relación, al punto de que en 2020 la pareja no asistió al “Foro Económico Mundial de Davos”, la Meca anual del globalismo, y poco después Gates dimitiría de sus cargos en su buque-insignia económico, la compañía “Microsoft”.
La conexión Gates-Epstein apunta a dos nombres: 1) La neurólogo Melanie Walker, una trabajadora de la “Fundación Bill y Melinda Gates” desde 2006, pero cuyo anterior trabajo fue el de asesorar de Jeffrey Epstein desde 1992, al que conoció cuando Epstein trabajaba de forma muy estrecha con Lex Wexner en Victoria Secret; 2) El físico Boris Nikolic, asesor científico de Gates, que fue el encargado de ejecutar el testamento de Epstein tras su "suicidio" en la cárcel después del descubrimiento de su red millonaria de pederastas que incluía a importantes políticos y otras gentes de relevancia social. Nikolic renunció a ejecutar su labor de albacea testamentario.

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