El milagro del sol
y otras cosas que se ven en el cielo
Por Guillermo Mas Arellano
Hasta el año de 1945 todo lo que se sabía acerca de los gnósticos provenía, al menos de cara al gran público, de parte de aquellos doctrinarios de la ortodoxia cristiana que habían perseguido su forma de vivir y de pensar durante siglos. Algunos grupos más modernos de clara influencia gnóstica en sus prácticas espirituales, tales como los cátaros o los templarios, habían sido destruidos por la Iglesia Católica de un plumazo, mientras que los rosacruces y los masones, como síntesis de una enorme panoplia de grupos mistéricos encargados de custodiar la Gnosis, se vieron forzados a permanecer en la sombra, al menos hasta el estallido de la Revolución Francesa, para no correr un destino igual de desafortunado que el de sus antecesores.
A partir de ese momento, los textos de Nag Hammadi, en los que encontramos elocuentes ecos del Timeo y del Corpus Hermeticum, y que a su vez precedieron en dos años el descubrimiento de los Manuscritos del Mar Muerto en Qumrán (Palestina), llegaron a oídos de una sociedad que en apariencia no estaba preparada para asumir todo lo que se incluía en estos doce papiros sagrados acerca de la historia más fructífera jamás contada por la civilización moderna: el mito de Jesús de Nazaret sobre el que se vertebraba el cristianismo, la religión más exitosa jamás inventada.
En 1950 ocurrió un evento que Jung destacó por su crucial importancia en el «inconsciente colectivo». La «Era de Acuario», encarnada por Juan el Bautista, acababa de comenzar: en 1950 la Iglesia Católica declaró dogma de fe, por medio del Papa Pío XII y sin duda influida por el «milagro del sol» acontecido el 13 de octubre de 1917 en Fátima, la Ascensión de la Virgen María al Cielo. Muchos ven detrás de esta decisión la influencia de las escrituras de Nag Hammadi halladas en 1945 en Egipto y, más concretamente, un texto titulado El trueno, la mente perfecta donde se puede leer: «Yo soy la puta y la santa / Soy la esposa y la virgen». Esta voz femenina también dice ser «fuerza y miedo», «guerra y paz». Muchos seguidores del mago Aleister Crowley, muerto en 1947, observaron que detrás de estas palabras se ocultaba el poder de Babalon. Nosotros creemos que se trata del Espíritu, es Sophia encarnada, la diosa de la Sabiduría despertando para un nuevo eón del mundo.
Mientras el mediático Robert Oppenheimer, hombre enjuto y como encantado de conocerse, se declaraba un «destructor de mundos» gracias al destructivo alcance de la energía nuclear, aludiendo a una cita (mal recitada) extraída de la Bhagavad-gītā, y el deslumbrante John von Neumann desarrollaba el primer exoesqueleto de nuestra actual Inteligencia Artificial, llamado «ENIAC» (Electronic Numerical Integrator and Computer), el «BigData» transformó el viejo paradigma de la información, todavía anclado en aquello que Marshall McLuhan denominó como «Galaxia Gutenberg», en clara alusión al padre de la imprenta (del que no existen registros), en una nueva forma de espíritu cuyo funcionamiento ciertamente resultaba muy similar al descrito por la cosmovisión gnóstica: una minoría accedería a la Sabiduría mientras que la mayoría de la población mundial se perdería en las infinitas bifurcaciones del Simulacro.
Según el criterio de algunos, el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial vendrá marcado por varios aldabonazos: 1) la creación de una fructífera sociedad de consumo atrapada bajo el temor omnipresente del peligro nuclear; 2) el desarrollo de la primera computadora electrónica y de los medios de comunicación tal y como los conocemos hoy; 3) el avance de la farmacología y la droga como compañeros necesarios a la hora de sobrellevar la vida en la era del capitalismo avanzado; y 4) el avance de la televisión, la moda y la cultura popular como nuevo espejo social. En mi opinión, fue el hallazgo de un puñado deslavazado de páginas, tanto en Nag Hammadi como en Qumrán, lo que señala un verdadero «rito de paso», tal y como señala Erik Davis, que marcó un antes y un después en la percepción humana de la realidad.
Aquellos que consideran que los Rollos del Mar Muerto son una falsificación o que fueron “descubiertos” en una fecha de enorme conveniencia geopolítica miran hacia otros precedentes similares como la aparición de 233 planchas que componen un total de 21 libros en el antiguo Monte Valparaíso (llamado Sacromonte), de Granada, durante el año 1595; allí también se hallaron las reliquias de San Cecilio, discípulo del Apóstol Santiago. Las planchas, que no fueron consideradas falsas hasta que casi un siglo después el Papa Inocencio XI las declarara heréticas en 1682, estaban custodiadas en el interior del monte, dentro de unos hornos cuya antigüedad parecía remontarse hasta tiempos romanos. Fueron halladas por los moriscos Miguel de Luna y Alonso Castillo. Y los textos, escritos en uno caracteres árabes llamados «salomónicos», contenían revelaciones dictadas directamente por la Virgen María a sus seguidores.
Nadie supo ver hasta qué punto la vuelta al origen de la religión propiciada por los Manuscritos del Mar Muerto nos arrastraba directamente hasta el futuro y su anuncio escatológico como algunos literatos norteamericanos, tales como Philip K. Dick, Thomas Pynchon o Don DeLillo, para quienes la realidad «paranoica» de la información debe ser leída según los viejos textos que componen la «Gnosis». La estructura profunda del mito (de «mýthoi», relato) y de la imagen («phantasmata», fantasmas), que gracias a los medios de la «tecnocultura» tienen una difusión y un alcance sin precedentes, son hoy más poderosos que nunca. De todo cuanto sucedió en aquellas fechas tan significativas, lo único que apenas si interesó al gran público fue precisamente el encuentro místico de unos pastores con unos añejos legajos; y si algo nos demuestran los gnósticos con su velada mirada sobre el mundo es que la verdad suele pasar desapercibida a la mayoría de sus contemporáneos, únicamente mereciendo la atención de un puñado de hombres despiertos que están dispuestos a salir, incluso mediante un sacrificio de sangre, en busca de su linaje extraviado.
El simbolismo de una fecha tan significativa como el fin de la Segunda Guerra Mundial a la hora de encontrar los principales textos gnósticos, en Nag Hammadi y Qumrán no debe pasar desapercibido, máxime cuando el hecho fundacional de ese nuevo período histórico es el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Fue la fisión lo que mató a Dios. Un instante en mitad de la eternidad fue lo que nos convirtió a todos en deicidas. Fue en Los Álamos, no en Auschwitz, cuando acabó toda posibilidad de poesía. La última palabra de la Creación es Trinity. Una gran blasfemia. El falso Dios de la fisión. Un instante. Después, el silencio. El lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, como derivado de la Prueba Trinity, no es tanto un intento por detener el conflicto en marcha, que estaba ya en sus amenes, como una constatación de las cotas tecnológicas que se pretendía abrir para el futuro. No en vano, Robert Oppenheimer cita con afectación impostada, sudoroso y temblequeante ante las cámaras de televisión, el diálogo entre Krisnha y Arjuna presente en la Bhagavad Gita, dentro del monumental Mahabharata, para referirse a la Prueba Trinity que tuvo lugar el lunes 16 de julio de 1945: “Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”. Nada sería igual después de aquello. Y hasta que llegaron las imágenes de Chernóbil y Fukushima, no supimos que la cita se ajustaba como un guante a esta realidad extraña. Es difícil encontrar una encarnación más precisa de Sophia que aquella legada por la Gnosis. En la Alquimia, por ejemplo, aparece con claridad su complementariedad necesaria del Logos, María Magdalena como esposa de Jesús, al decir de los cátaros, por cuanto la Sabiduría necesita desposarse con la Palabra, contraer matrimonio místico con el Nombre que aparece innominado en el ámbito exotérico. Si Cristo es, según Carl Gustav Jung, la más perfecta configuración del «Sí-Mismo», en realidad es Orfeo el que revela esa necesitad masculina de recuperar el «Ánima» o Principio Femenino para terminar de efectuar la resurrección, la transmutación, el paso de plomo a oro o de crudo a cocido en la conciencia humana. Hay grupos gnósticos que afirman que Dios, en la Biblia, tenía una mujer. Salomón habría adorado a esta divinidad, correspondiente con Sofía. Los musulmanes, antes de destruir su célebre templo, habrían creído en lo mismo: Allah tendría una consorte llamada Al-Lat. Todo ello está relacionado con el Milagro de la Falsa Virgen", que tuvo lugar cuando el diablo se apareció como la Virgen María ante los herejes cátaros, adoradores de Sofía, en Italia. La aparición demoníaca reafirmó sus creencias gnósticas acerca del Demiurgo como falso Dios y la materia como su Creación hasta que Pedro de Verona le ordenó a la falsa María que adorara a su Hijo; y cuando ella se negó, por lo visto le crecieron cuernos justo antes de desaparecer. ¿A qué deidad femenina adoraban los gnósticos? Quizás a la misma que Jack Parsons adoraba, o los propios responsables del Proyecto Trinity, es decir, esa Babalon o Puta de Babilonia que ocupa un papel central en las ceremonias mágicas de Aleister Crowley. Ante el avance de una Iglesia católica totalmente caída en brazos de la Modernidad, cabe recordar, siguiendo a autores como el hieromonje Seraphim Rose, los ortodoxos creen que muchas apariciones marianas en el catolicismo son abiertamente demoníacas porque los católicos han caído en la herejía. En la ortodoxia, la Virgen, que es Madre de Dios, se aparece sólo ante santos muy concretos que han hecho méritos espirituales para verla; en cambio, en el catolicismo, puede aparecer ante cualquiera, incluso ante un gran pecador. Esto se puede entender como un dato que refuerza el mensaje de Cristo en el Sermón de la Montaña, al pretender abrazar a los "pobres de espíritu"... Pero también como parte de una profanación de la sagrada figura de María. El cristianismo esotérico de los trovadores y los cátaros, que es el de la iniciación templaria, sería también el de la Gnosis primordial, los sirvientes de Lucifer que reúnen Infierno y Cielo a través de un ideal guerrero, en el fondo esa es la idea de Amor de los vástagos de Sophia, el tipo de Amor contenido en el Evangelio de Juan. Hay que tener en cuenta que Juan ha sido representado en el catolicismo como una figura andrógina que, en muchos casos, sostiene un cáliz del que sale un pequeño demonio con aspecto de dragón. A excepción hecha de visiones gnósticas del mundo como la Cábala o los cátaros, el papel de la mujer en la Edad Media es puramente negativo. Por eso en esa civilización gnóstica que es la Modernidad, al menos si tomamos el aspecto negativo de la Gnosis, que es su pesimismo filosófico y su oligarquía del conocimiento, lo femenino tiene un papel central, como señala acertadamente Alexander Dugin al hablar de toda una «civilización de Cibeles (lo terrestre, lo matérico)», si bien en realidad se encuentra más sometido que nunca. Otto Rahn narra, a propósito de los cátaros, la leyenda de la Beata Esclaramunda de Foix, apodada la Grande, tras cuya muerte una paloma blanca se elevó sobre el mítico castillo de Montsegur que más tarde acabaría resultando calcinado, en el año 1244, en la Cruzada Albigense ordenada por el Papa Inocencio III. Esa paloma, «Paraklètos», símbolo cristiano del Espíritu como intermediario entre el Padre y los vástagos, es una imagen del portador de la luz, «Luz-Bel», habitualmente llamado Lucifer, en cuya naturaleza andrógina se dan la mano el Principio Masculino y el Eterno Femenino. Según algunos importantes autores como René Nelli, oriundo de la ciudad de Carcassonne, los cátaros, llamados «los puros» por su tendencia a la abstinencia carnal, influyeron decisivamente sobre la noción trovadoresca de «amor cortés». Su concepción casta del erotismo se dispersaría tanto por la Provenza francesa como por la Germania de los Minnesänger, en ambos casos relacionados con la caballería supuestamente encargada de custodiar el Graal. Escribe Miguel Serrano: «Minne también vendría de Mani, de Manas, de Manisola y querría decir, en su sentido más profundo, “recuerdo”. Los Minnesänger cantaban el “recuerdo del amor perdido al comienzo de los tiempos”. Trovador significa “el que encuentra”, el que “ha encontrado algo perdido”, una ley, una orden. Se dice que el primer trovador descubrió esa ley secreta de amor sobre la rama de una encina de oro. Se la indicó un pájaro. ¿Sería una paloma, un halcón, un cuervo? El nombre del primer trovador es Jasón». Así pues, el trovador es hijo de Mnemósine, la diosa de la memoria. Y Jasón, aquel embarcado junto a los argonautas en la búsqueda del Vellocino de Oro, es el arquetipo de esa clase de hombres dedicados a la labor del recuerdo... Que quizás sea otra forma de llamar a ese culto de una consorte femenina para el dios del Antiguo Testamento. Para el jesuita Malachi Martin, lo ocurrido en Fátima suponía el suceso religioso más relevante del siglo XX, dado que implicaba la realización de la tarea más urgente que la Iglesia enfrenta de cara al futuro. En una entrevista dejó dicho: "He visto objetos lanzados por las habitaciones por los poderes del mal. He olido el aliento de Satanás y he oído las voces de los demonios: voces frías, ásperas y muertas que transmiten mensajes de odio", para añadir: "Ninguna película de terror es capaz de rozar siquiera el espanto de tal idea: un mundo sin espíritu". Para Martin esto estaría vinculado a la ocultación del Tercer Secreto de Fátima por parte de la curia romana y hasta la celebración de misas negras en el seno de la Iglesia, algo que él pudo conocer de primera mano. Parece que la inversión maligna de todo rastro sagrado se ha consumado en Occidente. Se atribuye a Amadeo de Silva en pleno siglo XV la primera anticipación del fenómeno de Fátima finalmente acontecido en el siglo XX. De manera canónica, los santos han reconocido que los demonios aparecían muchas veces vestidos de figuras divinas, incluso del propio Cristo, para engañar y perder a sus fieles. Reconocer sin error a una divinidad no es algo fácil, por lo que parece prudente cuestionar si verdaderamente este tipo de figuras liminales son lo que parecen o, en palabras de Jacques Vallée, más bien estamos ante auténticos "emisarios del engaño". Si no hay perfección espiritual, dirían los ortodoxos, difícilmente se podrá mirar cara a cara a Dios, en calidad de iguales, como se dije de Moisés en el Antiguo Testamento. Los extraterrestres, según el relato arquetípico fundado por el montaje de Roswell en 1947, siempre vienen a ayudar los terrícolas, como atestigua sobre todo el cine de Steven Spielberg, el gran cineasta del sistema, con películas como Encuentros en la Tercera Fase (1977), E.T., el extraterrestre (1982), Inteligencia Artificial (2001), La Guerra de los Mundos (2005), Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008) o la reciente El día de la revelación (2026), que proponen un blanqueamiento total del alien. El santo católico Agobardo de Lyon, del siglo IX, enfrentó a lo largo de su vida numerosas herejías, como el adopcionismo de Félix de Urgel, y sobre todo las apariciones de lo que hoy llamaríamos objetos voladores no identificados, en su tiempo asemejados a naves que en vez de surcar el mar atravesaban el cielo. En su tratado del año 815, titulado De Grandine et Tonitruis (Sobre el granizo y los truenos), Agobardo escribe: "Hemos visto y oído a muchos abrumados por tanta demencia, alienados por tanta estupidez, que creen y dicen que existe una determinada región, que llaman Magonia, de la que vienen naves sobre las nubes; los frutos que caen por el granizo y que se pierden por las tempestades son llevados en ellas a esta misma región; evidentemente, los navegantes aéreos dan regalos a los tempestarios y reciben a cambio los granos y el resto de frutos. Asimismo, se hallan cegados por tan profunda necedad, al creer que esto puede realizarse". Y unas líneas más adelante, de forma más concluyente, escribe: "Sin embargo, vencedora la verdad tras mucho razonamiento, estos mismos que los exhibían, según el texto profético, están confusos, como el ladrón se turba cuando es sorprendido". ¿No estan igualmente alienados por la estupidez muchos de los nuevos creyentes, de intensa actividad virtual, de estos días? Son caldo de cultivo para ser vehiculados por el mal en nombre del bien. Si algo saben los demonios es cómo tentar a los hombres a través de las bajas pasiones y el intelecto. Su mejor aliado, en estos días, es la virtualidad fruto de la segunda americanización, que permite distorsionar, mediante el espectáculo y el simulacro, aquello que aparece como íntimo y sagrado, cuando en realidad es superficial e invertido. No hay sobriedad espiritual alguna en aquellos que exhiben una fe recién adquirida en redes sociales y se lucran con esta actividad, el autoengaño de un ego que necesita sentirse importante no puede provenir de la divinidad porque, en términos teológicos, pertenece a su Adversario. Los signos de Dios no se dan a cualquiera, nos dice la Iglesia ortodoxa, sólo a los más santos... E Internet, este nuevo auge de la religiosidad secularizada en redes sociales, promete justo lo contrario. La verdad no necesita publicidad alguna, los fuegos fatuos son trucos de lo demoníaco. Y así es como de pronto comprendemos que todo el narcisismo de aquellos que creen hablar con Dios de tú a tú es abiertamente demoníaco, máxime cuando la Virgen se destaca por guardar silencio en los Evangelios, todo lo contrario de aquello que nos venden los "contactados" del mundo contemporáneo. Lucía dos Santos, Francisco Marto y Jacinta Marto, los tres primos pastores que se encontraron frente a una figura reveladora de secretos que afirmaba ser la Virgen, en 1917, en Cova da Iria, cerca del pueblo de Fátima en Portugal vieron destellos como relámpagos, tras los cuales apareció una dama muy bella sobre un árbol que dijo descender de los Cielos. El punto álgido del episodio acontecido en Fátima tuvo lugar en la Primera Guerra Mundial, acontecido el el 13 de octubre de ese mismo año, cuando Lucía señaló al sol justo antes de que el astro empezara a realizar movimientos imposibles al tiempo que emitía luces de muy variados tipos. Lo curioso de este fenómeno es su similitud con las apariciones de OVNIS, esas "cosas que se ven en el cielo", como las llamaría Carl Gustav Jung, igual que la aparición de una falsa Virgen ante los cátaros remite inmediatamente a la presencia de un demonio.


Para estudiar y releer...
ResponderEliminarMuchas gracias por leer y comentar, Jose, de verdad, das sentido a este trabajo. Te envío un afectuoso saludo
EliminarHola Guillermo, he llegado aqui por el post de YouTube en tu canal, ¡¡y que agradecido estoy!!
ResponderEliminarTodo lo que has expuesto me ha encantado y mi intención no es tanto discurrir sobre lo escrito sino en recomendarte algo que, de verdad, creo que puede ser de tu interés según lo que has desarrollado
Es un video de YouTube que se titula: "The Hidden Mysticism of American Evangelism", del canal Broken Ruune.
Te dejo aún asi el enlace por si quieres ir directamente, pero te dejo el nombre ahí arriba por si, por seguridad, no quieres dar click directamente (algo comprensible): https://www.youtube.com/watch?v=EjCLNFnWHwo
El video se relaciona con muchas variables que has tocado y creo que te puede servir de retroalimentación. Estoy seguro de que en cuanto veas un poco me darás la razón
Muchas gracias por tu curro y un abrazo fuerte!!!